por Ariel Álvarez Valdés
Jesús creció y vivió en un ambiente generalizado de protestas y disturbios contra el poder de Roma, que marcó de manera determinante su trayectoria como Maestro. Pero Jesús, para cambiar el mundo, no recurrió a la vilencia, sino a una fuerza imposible de detener: la fuerza del amor.
La vida de Jesús transcurrió entre revueltas y estallidos sociales. Es que el anhelo de cambiar la sociedad es tan atntiguo como las injusticias, y tan natural como el hombre mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario